Las Cortes Catalanas o Cortes Generales de Cataluña.



Las Cortes Catalanas o Cortes Generales de Cataluña.



Esquema del sistema constitucional catalán


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Fernando II de Aragón en su trono enmarcado por dos escudos con el emblema del señal real.
Frontis de una edición de 1495 de las Constituciones catalanas.

Las Cortes Catalanas o Cortes Generales de Cataluña1​ fueron el órgano normativo de Cataluña desde el siglo XIII hasta el siglo XVIII.
Estaban compuestas por los llamados tres brazos: el eclesiástico, el militar o noble y el real o de las villas. El rey convocaba y abría las Cortes con una proposición real mientras que los brazos eran los encargados de legislar, siempre con el concurso del soberano. Si las leyes que se aprobaban eran las del rey recibían el nombre de "Constituciones"; si se aprobaban las de los brazos, "Capítulos de Cortes". Si el rey aprobaba una ley de forma unilateral recibía el nombre de "Actos de Cortes" y era necesaria la ratificación por parte de las cortes.

A diferencia de las Cortes de Castilla de la época, que funcionaban únicamente como órgano consultivo al que el rey concedía privilegios y fueros, las Cortes catalanas eran un órgano normativo, ya que sus acuerdos tenían fuerza de ley, en el sentido de contrato que el rey no podía revocar.



                    Fiscales ante la masiva población carcelaria.




Que pensarían los personajes ficticios de la ley y orden: Jack McCoy y Abbie Carmichael de los aproximadamente 19 millones personas que tienen una condena por un delito grave (felony) y los cerca de dos millones de presos en los Estados Unidos. Es una cantidad tan grande en la actualidad en los Estados Unidos, que hay sectores completos de la economía y de la sociedad que los necesita y no funcionarias, por ejemplo las ramas completas de la administraciones publicas Federal, Estatal y Local, necesita a esta categoría social. Ahora que la emigración se cerro con las nuevas políticas de emigración del gobierno Federal, son necesarios integrarlos para que el sistema no colapse. 
Esta es una premisa fascinante porque pone a dos de los personajes más "ley y orden" de la ficción frente a un dilema donde la justicia penal choca de frente con la realidad macroeconómica.
Tanto Jack McCoy como Abbie Carmichael son conocidos por ser "duros contra el crimen", pero sus enfoques filosóficos son distintos y reaccionarían de manera diferente ante esta crisis de mano de obra y saturación penal.

1. Abbie Carmichael: El dilema de la pragmática conservadora

Abbie siempre fue la voz más derechista y punitiva de la fiscalía. Para ella, un delito grave es una mancha moral permanente.
Su reacción inicial: Sería muy escéptica. Abbie cree en las consecuencias. Ver a los convictos como una "necesidad económica" le parecería una claudicación del sistema de justicia ante la conveniencia financiera.
El giro hacia la integración: Sin embargo, Abbie es profundamente patriótica. Si el cierre de fronteras y la falta de trabajadores amenazan con el colapso de las instituciones estadounidenses, ella apoyaría una "reincorporación condicional".
Su postura: No pediría perdón ni olvido, sino un sistema de "trabajo por libertad" extremadamente vigilado. Vería a esta población no como ciudadanos rehabilitados, sino como un recurso que debe pagar su deuda con la sociedad manteniendo el sistema a flote.

2. Jack McCoy: El purista constitucional

McCoy es un hombre de principios legales, pero también un estratega que entiende el panorama general.
La crisis del sistema: McCoy se sentiría horrorizado por la cifra de 19 millones de personas con antecedentes. Probablemente argumentaría que si una sección tan vasta de la población es "criminal", el sistema ha fallado en su propósito de mantener el orden social y se ha convertido en una fábrica de parias.
La integración como deber cívico: A diferencia de Abbie, Jack vería la necesidad de integrar a estas personas no solo para que la economía no colapse, sino para restaurar el contrato social. Si el gobierno Federal ha cerrado la inmigración, McCoy diría: "No podemos tener una subclase permanente de 19 millones de personas sin derechos; eso es una receta para la insurgencia, no para la justicia".
Su postura: Abogaría por reformas legislativas que eliminen el estigma de la condena una vez cumplida la pena (los famosos "expungements"), permitiendo que estas personas ocupen puestos en la administración pública sin que su pasado sea un ancla eterna.

El punto de fricción: ¿Rehabilitación o Necesidad?

En una oficina ficticia de la fiscalía, el debate sonaría más o menos así:

Punto de vista Jack McCoy Abbie Carmichael
Sobre los 19 millones "Es un fracaso sistémico que nos está asfixiando." "Son 19 millones de decisiones individuales de romper la ley."
Falta de inmigrantes "Es la oportunidad de redimir a nuestra propia gente." "Es una necesidad de seguridad nacional usar la mano de obra disponible."
Administración Pública "Deben tener derecho a servir a su país de nuevo." "Solo en puestos donde el riesgo sea controlado y bajo supervisión."

Conclusión

McCoy vería este colapso inminente como la excusa perfecta para humanizar el sistema y limpiar los expedientes de quienes ya pagaron. Carmichael lo vería como un mal necesario: preferiría emplear a un ciudadano estadounidense con antecedentes que dejar que los servicios públicos fallen, pero siempre bajo un régimen de estricta vigilancia.
Al final, ambos estarían de acuerdo en algo: el sistema actual es insostenible. McCoy por una cuestión de justicia y principios; Carmichael por una cuestión de orden y supervivencia nacional.

Carmichael que piensa del futuro de poblacion ex convicta

Si nos basamos en la evolución del personaje de Abbie Carmichael a lo largo de sus tres temporadas en Law & Order, su visión sobre el futuro de la población exconvicta sería una mezcla de escepticismo punitivo y un realismo legal muy rígido.
Para Abbie, la ley no es una sugerencia, es un límite moral. Aquí te detallo cómo vería ella ese futuro:

1. El estigma como consecuencia natural

Abbie rara vez mostró simpatía por el concepto de "rehabilitación" en el sentido terapéutico. Para ella, el futuro de un exconvicto está marcado por su elección pasada.
Su visión: No vería las dificultades para encontrar empleo o vivienda como un fallo del sistema, sino como la "extensión lógica de la sentencia".
La frase que diría: "Si no querías tener problemas para trabajar en la administración pública, no deberías haber asaltado aquel banco".

2. La reinserción por "Utilidad Nacional"

Dado el escenario que planteas (donde la falta de inmigración obliga a integrar a esta población), Abbie aceptaría su inclusión en la fuerza laboral no por compasión, sino por pragmatismo y seguridad.
Ella preferiría ver a un exconvicto barriendo las calles o trabajando en mantenimiento estatal antes que ver el sistema colapsar.
Sin embargo, se opondría radicalmente a que ocuparan puestos de confianza, seguridad o justicia. Para ella, el "futuro" de un exconvicto debe ser productivo pero siempre bajo un techo de cristal.

3. Vigilancia vs. Libertad Total

Abbie Carmichael es la reina de la "libertad condicional estricta".
No creería en un futuro donde el antecedente desaparece (expungement).
Apoyaría tecnologías de vigilancia masiva para esta población. Su visión del futuro incluiría bases de datos biométricas y seguimiento constante para asegurar que ese "recurso humano" no vuelva a desviarse.

En resumen: ¿Qué vería ella en el horizonte?

Para Abbie, el futuro de los 19 millones de exconvictos no debería ser una "vuelta a la normalidad", sino una "ciudadanía de segunda clase supervisada".
Lo positivo: Los integraría en la economía porque detesta el caos y el desorden que provocaría un colapso administrativo.
Lo negativo: Nunca dejaría de verlos como criminales. Para ella, una vez que cruzas la línea, el sistema tiene el derecho (y el deber) de observarte por el resto de tus días.
Mientras que Jack McCoy buscaría una "segunda oportunidad" para sanar la sociedad, Abbie Carmichael buscaría una "segunda utilidad" para mantener la estructura del país funcionando, sin perdonar nunca el delito original.

McCoy que piensa del futuro de población ex convicta

Para Jack McCoy, el futuro de la población exconvicta no es solo una cuestión de estadísticas o economía, sino una prueba de fuego para la integridad del sistema legal estadounidense. McCoy es un idealista institucional: cree que si la ley exige que un hombre cumpla su deuda, la misma ley debe garantizar que, una vez pagada, el hombre sea libre.
Aquí te detallo su visión sobre el futuro de esos 19 millones de personas:

1. La Restauración del Contrato Social

McCoy argumentaría que mantener a una décima parte de la población adulta en una "muerte civil" permanente es anticonstitucional en espíritu.
Su visión: El futuro debe incluir mecanismos automáticos de reincorporación de derechos. Para él, el derecho al voto y el acceso a licencias profesionales no son premios por buena conducta, sino elementos esenciales para que un individuo no vuelva a delinquir.
El argumento: "Si les decimos que nunca volverán a ser parte de nosotros, no podemos sorprendernos cuando actúen como si no tuvieran nada que perder".

2. El fin del "Acoso Administrativo"

McCoy se opondría a las barreras legales que impiden que los exconvictos trabajen en el sector público. En el contexto de falta de inmigración que mencionas, él vería una oportunidad histórica.
Su postura: Apoyaría leyes de "Ban the Box" (eliminar la casilla de antecedentes en las solicitudes iniciales) a nivel federal y estatal.
La lógica: Si el Estado necesita trabajadores para que la administración no colapse, McCoy diría que es hipócrita que el mismo Estado que los castigó les niegue la oportunidad de servir.

3. Rehabilitación vs. Retribución

A diferencia de Carmichael, McCoy cree que el sistema penal debe tener un fin constructivo.
Inversión en el futuro: Vería con buenos ojos que el presupuesto que antes se destinaba a la vigilancia fronteriza se redirigiera a programas de capacitación técnica intensiva dentro y fuera de las prisiones.
Justicia restaurativa: Su visión del futuro incluye a exconvictos trabajando en los mismos vecindarios que una vez afectaron, pero ahora como empleados públicos o gestores sociales, transformando el estigma en un activo de experiencia de vida.

El "Gran Choque" con la Realidad

McCoy es consciente de que el futuro es sombrío si no se actúa. Él predeciría dos caminos:
El camino del colapso: Seguir marginando a los 19 millones mientras la economía se queda sin mano de obra, lo que llevaría a un aumento de la pobreza y, eventualmente, a una nueva ola de criminalidad por desesperación.
El camino de la redención nacional: Aprovechar la crisis de mano de obra para forzar una reforma masiva de clemencia y reinserción, convirtiendo a la población penal en el nuevo motor de la administración pública.
En conclusión: Mientras Carmichael ve a un exconvicto como un riesgo a gestionar, McCoy lo ve como un ciudadano a recuperar. Para Jack, el futuro de los Estados Unidos depende de su capacidad de perdonar legalmente a quienes ya han pagado su condena, especialmente si son ellos los únicos que pueden evitar que el motor del país se detenga.

Que pensarían los personajes ficticios de la ley y orden: Jack McCoy y Abbie Carmichael de los aproximadamente 19 millones personas que tienen una condena por un delito grave (felony), es una cantidad tan grande en la actualidad en los Estados Unidos, que hay sectores completos de la economía y administración los necesita, como los Médicos y personal sanitarios de los hospitales públicos, trabajadores públicos de los condados, y muchas ramas de administraciones publicas Federal, Estatal y Local. Sin ellos no hay servicios, no hay nadie sin antecedentes que quiere entrar a trabajar a esos servicios por poca paga y responsabilidad. Ahora aceptan hasta profesionales antecedentes por que faltan para atender al publico.

Es fascinante analizar este dilema a través del lente de dos de los fiscales más icónicos —y contrastantes— de Law & Order. Jack McCoy y Abbie Carmichael representan dos filosofías de justicia que chocarían frontalmente ante la realidad de que casi el 8% de la población adulta de EE. UU. tiene una condena por delito grave (felony).

Aquí te presento cómo reaccionarían estos personajes ante la necesidad sistémica de integrar a personas con antecedentes en sectores críticos:

Jack McCoy: El pragmático constitucionalista
McCoy ha evolucionado a lo largo de las décadas. Si bien es un "perro de presa" en el tribunal, su lealtad final no es hacia el castigo eterno, sino hacia el sistema y el orden social.
La Justicia como Rehabilitación: Jack probablemente vería con buenos ojos que alguien "pague su deuda con la sociedad" y luego se convierta en un miembro productivo. Diría algo como: "Si el Estado decidió que ya cumplieron su sentencia, impedirles trabajar es simplemente crear una subclase de criminales perpetuos".
El enfoque en el Servicio Público: Para Jack, la prioridad es que el gobierno funcione. Si los hospitales y las oficinas del condado necesitan personal para no colapsar, McCoy argumentaría que la seguridad pública también depende de tener servicios de salud estables.
Su matiz: Sin duda, exigiría una supervisión estricta. No tendría problema con un enfermero con una condena por posesión de drogas de hace 10 años, pero lucharía ferozmente si alguien con antecedentes de fraude financiero fuera puesto a cargo del tesoro del condado.

Abbie Carmichael: La línea dura e inflexible

Abbie es conocida por su postura conservadora y su visión de "ley y orden" sin concesiones. Para ella, las consecuencias de un delito grave deberían ser, en gran medida, permanentes.
La desconfianza sistémica: Abbie probablemente se sentiría horrorizada por la idea. Su argumento sería: "Un delito grave no es un error de juicio, es una ruptura del contrato social. ¿Cómo podemos confiar la salud de un ciudadano a alguien que demostró no respetar la ley?".
Cuestión de estándares: Ella vería la contratación de personas con antecedentes por "falta de personal" como una degradación de las instituciones públicas. Para Abbie, la solución no sería bajar la barra de entrada, sino aumentar los incentivos para atraer a "personas honestas".
El riesgo de responsabilidad: Como fiscal, pensaría de inmediato en las demandas civiles. "En el momento en que un empleado con antecedentes cometa un error, el condado será demandado por negligencia en la contratación. Es una bomba de tiempo".

El punto de fricción: La Economía vs. La Moralidad

Aspecto Jack McCoy Abbie Carmichael
Visión del ex-convicto Un ciudadano que ya pagó su deuda. Alguien que ha demostrado ser poco fiable.
Prioridad La estabilidad de las instituciones. La pureza y el prestigio de la ley.
Sobre la falta de personal "Necesitamos que el hospital funcione hoy". "No sacrifiquemos el estándar por la conveniencia".
Conclusión

En un episodio hipotético, veríamos a Abbie intentando impugnar la credibilidad de un testigo experto (un médico) basándose en una condena antigua, mientras que Jack la llamaría a su oficina para recordarle que el mundo no es blanco y negro, y que si el sistema no ofrece una salida real a esos 19 millones de personas, el propio sistema está destinado a fallar por saturación.
Para McCoy, el hecho de que la economía los necesite es una prueba de realidad; para Carmichael, es una señal de decadencia.


Abbie Carmichael quien va atender en los hospitales públicos en los condados olvidados, no hay personal que quiera trabajar, los médicos y personal sanitario sin antecedentes penales se va al sector privado, con los mejores sueltos y mejor ambiente; los médicos, enfermeras y personal sanitario con antecedentes penales van a trabajar en estos hospitales, con peor sueldos y atender poblaciones pobres, aceptan con antecedentes penales. Que pensaría estos hecho.

Este escenario toca una fibra muy sensible en la filosofía de Abbie Carmichael, y probablemente generaría uno de sus debates más intensos en la oficina del fiscal de distrito.

Abbie es un personaje que cree en los absolutos morales. Para ella, la ley no es una sugerencia, y las consecuencias de romperla deben ser claras. Sin embargo, lo que planteas es una realidad pragmática y sistémica que la obligaría a confrontar sus prejuicios.
Aquí te detallo cómo procesaría ella este "sistema de castas" sanitario:

1. El dilema de los "Estándares de Segunda"

Abbie odiaría la idea de que existan dos tipos de justicia y dos tipos de medicina. Su reacción inicial no sería de compasión hacia los médicos con antecedentes, sino de indignación por la seguridad de la población pobre.
Su argumento: "¿Me estás diciendo que porque una persona es pobre o vive en un condado olvidado, tiene que conformarse con un cirujano que tiene una condena por tráfico de sustancias o negligencia criminal? La pobreza no debería ser una sentencia para recibir atención de menor calidad".
La paradoja: Ella vería esto como una falla del Estado para atraer a "ciudadanos ejemplares" a esas zonas, prefiriendo incentivos económicos (bonos, pago de préstamos estudiantiles) antes que "limpiar" expedientes criminales.

2. La desconfianza en la rehabilitación

Abbie suele ser escéptica ante la idea de que la gente cambie. En su mente, si un médico estuvo dispuesto a violar la ley una vez, el riesgo de que lo haga de nuevo —especialmente bajo el estrés de un hospital público saturado— es demasiado alto.
La responsabilidad civil: Como fiscal, vería esto como un campo de minas legal. "El primer error que cometa ese enfermero, el condado va a quebrar por las demandas de contratación negligente. Estamos poniendo parches de papel en una represa que se rompe".

3. El choque con la realidad (El momento de "Jack McCoy")

Si Jack McCoy estuviera en la habitación, él le recordaría que sin esos médicos, la gente simplemente muere. Ante este hecho irrebatible, Abbie mostraría su lado más pragmático, aunque amargo:

Aceptación bajo protesta: Podría llegar a aceptarlo, pero exigiría una vigilancia extrema. Probablemente propondría una legislación que limite las licencias de estos profesionales: "Está bien, que trabajen, pero con una licencia condicional. Un solo error, una sola recaída, y no solo pierden el empleo, vuelven a prisión por el resto de su sentencia original".

El enfoque en el orden: Para ella, el hecho de que estos profesionales acepten peores sueldos y peores condiciones no es "redención", es el castigo justo que les corresponde por su delito. En su visión del mundo, es el precio que deben pagar para volver a ser parte de la sociedad.

En resumen:
Para Abbie Carmichael, este sistema sería una tragedia logística.

Por un lado, detesta que el crimen sea "perdonado" por necesidad económica.

Por otro lado, detesta aún más que el servicio público sea ineficiente.

Al final del día, probablemente diría algo mordaz como: "Es irónico. El sistema es tan deficiente que ahora depende de las personas que intentaron destruirlo para poder sobrevivir". Se tomaría su café, regresaría a su escritorio y seguiría procesando expedientes con la misma rigidez de siempre, convencida de que el mundo se está desmoronando.


Abbie Carmichael los médicos estadounidenses con antecedentes penales pueden ir a estos hospitales olvidados a trabajar en el sector publico o irse al extranjero a trabajar en hospitales extranjeros que acepta cualquier basura. Un medico aun antecedente penales es valioso, los estados o la Unión los quieren, el sector privado les cierra las puertas. Es lucha para contratarlo los gobiernos estadounidenses o extranjero. La pena no los afecta totalmente, por capital humano.

Este planteamiento lleva la filosofía de Abbie Carmichael a un rincón donde su ideología de "mano dura" choca frontalmente con las leyes de la oferta y la demanda global.
Para Abbie, que el "capital humano" sea capaz de eclipsar el historial criminal de una persona es una píldora muy difícil de tragar. Ella cree en una sociedad donde el carácter moral es el requisito previo para cualquier posición de autoridad, especialmente una donde hay vidas en juego.
Así reaccionaría Abbie ante esta competencia global por médicos con antecedentes:

1. La "Fuga de Cerebros" Criminal

Si escuchara que médicos estadounidenses con antecedentes están siendo cortejados por gobiernos extranjeros, su primera reacción sería de desprecio patriótico.
Su visión: "Si el Estado invirtió en su educación y luego ellos traicionaron nuestras leyes, que se vayan. Si otros países quieren aceptar nuestra 'basura' —como tú dices—, que se los lleven. Pero que no esperen que les dejemos la puerta abierta para volver cuando las cosas se pongan feas fuera".
El matiz legal: Ella abogaría por leyes que revoquen permanentemente los pasaportes o las licencias federales de profesionales convictos que intenten evadir las consecuencias de su historial trabajando en el extranjero.

2. El "Capital Humano" vs. La Integridad

A Abbie no le impresionan los títulos de la Ivy League si vienen acompañados de una ficha policial.
Su argumento: "Un médico con antecedentes penales no es 'valioso', es un riesgo. La inteligencia sin ética es peligrosa. ¿De qué me sirve un cirujano brillante si tiene un historial de desviar narcóticos o de violencia doméstica? Su 'capital humano' está manchado".
La crítica al gobierno: Vería con mucho cinismo que el gobierno (local o federal) compita por contratarlos. Para ella, esto no es pragmatismo, es desesperación moral. Diría que el gobierno está enviando el mensaje de que "si eres lo suficientemente útil, las leyes no se aplican a ti".

3. La Justicia del Mercado

Lo que mencionas sobre el sector privado cerrándoles las puertas es algo que ella apoyaría totalmente.
Su postura: "El sector privado tiene derecho a protegerse. Si las aseguradoras y los hospitales privados no los quieren, es porque saben leer un análisis de riesgo. El hecho de que solo el sector público o los 'hospitales olvidados' los acepten es la forma que tiene la sociedad de decirles que han perdido su lugar en la mesa principal".

El debate con Jack McCoy

En un escenario donde el gobierno de la Unión estuviera creando un programa para reclutar a estos médicos para áreas rurales, la discusión en la oficina sería legendaria:
McCoy: "Abbie, tenemos condados donde la gente muere de apendicitis porque el médico más cercano está a tres horas. Si este hombre tiene una condena por un delito no violento de hace quince años y puede salvar vidas, el Estado tiene la obligación de ponerlo a trabajar".
Carmichael: "Jack, el Estado tiene la obligación de proteger a esos ciudadanos de médicos que ya han demostrado que no tienen integridad. Estás convirtiendo a los pobres en conejillos de indias para criminales que no pueden conseguir trabajo en Park Avenue".

Conclusión

Para Abbie Carmichael, el hecho de que un médico sea "codiciado" a pesar de sus antecedentes es una prueba de que el mundo ha perdido su brújula moral. Ella preferiría ver un hospital operando a media capacidad con personal "limpio" que verlo a plena capacidad con personal que ella considera moralmente comprometido.

En su mente, la justicia es un plato que se sirve sin excepciones, sin importar cuántos títulos cuelguen de la pared del condenado.

Los médicos son afortunados, si cometieron un delito y le cierran las puertas o lo miren mal la sociedad, se pueden ir al extranjero, la vida nueva, y respeto por ser medico. Muchos médicos prefieren menos ingreso pero tiene el respetan por ser profesional.
Es una observación muy aguda sobre la jerarquía del estatus profesional frente al estigma legal. En el universo de Law & Order, este planteamiento pondría a Jack McCoy y a Abbie Carmichael en una posición muy incómoda, pues toca el tema del privilegio de clase dentro del sistema penal.

Aquí tienes cómo desglosarían ellos esa "suerte" que mencionas:

Jack McCoy: El dilema de la "Válvula de Escape"

McCoy, que siempre ha luchado por la idea de que la ley es igual para todos, vería con cinismo esta capacidad de "escape".
El resentimiento por la desigualdad: Jack se daría cuenta de que un médico puede huir de su pasado gracias a su título, mientras que un repartidor o un obrero con la misma condena está condenado a la precariedad perpetua. Diría algo como: "La justicia debería ser un ancla, pero para un médico con un pasaporte y un título de la Unión, es apenas un bache en el camino".
La pérdida de talento: Como servidor público, le dolería que Estados Unidos "expulse" ese capital humano. Si el país gastó recursos en formar a ese profesional, McCoy vería como un fracaso del sistema que el médico termine salvando vidas en otro país porque aquí no sabemos cómo reintegrarlo.
La redención pragmática: Aunque le molestaría el privilegio, McCoy aceptaría que el respeto profesional es una herramienta de rehabilitación. Si el médico prefiere ganar menos con tal de recuperar su honor, Jack lo vería como una señal de que la persona ha recuperado su brújula moral.

Abbie Carmichael: El "Exilio" como Evasión de la Pena

Para Abbie, la idea de que un médico pueda simplemente mudarse y "empezar de cero" con respeto total sería una afrenta a la sentencia judicial.
Indignación moral: Ella consideraría que el respeto social es algo que se pierde con el delito y que no debería recuperarse solo por cruzar una frontera. "Usted no deja de ser un criminal por cambiar de código postal. El respeto se gana con la conducta, no con un estetoscopio".
La exportación del riesgo: Abbie vería esto casi como un acto de negligencia internacional. En su mente, si un médico es "peligroso" o "indigno" en Nueva York, lo es también en Madrid, Ciudad de México o Londres. Le enfurecería que el castigo (el estigma social) fuera tan fácil de esquivar para las élites educadas.
Justicia clasista: Probablemente soltaría una de sus frases mordaces: "Es curioso cómo los delincuentes de cuello blanco y bata blanca siempre encuentran un paraíso donde su historial no los persigue, mientras mis otros acusados no pueden conseguir trabajo ni barriendo las calles de su propio barrio".

La Realidad que ambos tendrían que admitir

En una discusión de oficina, llegarían a estas conclusiones sobre ese "respeto profesional":
El Título como Blindaje: Ambos estarían de acuerdo en que el título de médico actúa como una moneda de cambio global. Es uno de los pocos activos que el sistema judicial no puede confiscar totalmente (a menos que se revoque la licencia).
El Honor vs. El Dinero: El hecho de que un médico prefiera ganar menos en el extranjero a cambio de respeto confirma que, para ciertos niveles de la sociedad, la muerte social (el desprecio) es un castigo más duro que la multa económica o incluso la cárcel.
La Ironía del Sistema: Abbie tendría que aceptar que, por mucho que ella quiera castigar, el mercado global tiene más poder que sus expedientes. Si un país necesita cirujanos, no le preguntarán a Abbie Carmichael qué piensa sobre una condena de hace diez años; simplemente le darán el bisturí.
Para Jack, sería una prueba de que la vida sigue después del error; para Abbie, sería la prueba de que la justicia es, a veces, impotente ante el prestigio.

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